El uruguayo Luis Garisto fue el técnico más atípico que ha pasado por Calama. No les compró una a los hinchas que pedían su salida apenas recién iniciado el Clausura, tampoco aceptó presiones de los dirigentes y con "cuero de chancho", tal como él se define, aguantó de todo. Eso porque siempre tuvo la convicción de que su trabajo iba a dar los resultados esperados en los playoffs. Y ahí está, campeón y con la satisfacción de haber impuesto sus términos y filosofía por sobre las cabecitas calientes.
Cuando le enrostraron que en Santiago sería muy difícil lograr el título tras el empate con Colo Colo en Calama, el "Gordo" espetó: "¿Y qué?, en el Monumental seremos once contra once. Nosotros no hemos perdido nada". Y cuando le sacaron en cara que tendría que haber peleado por jugar a las cuatro de la tarde como local y no en la noche, replicó: "Pero si el calor es para los dos lados, esas son justificaciones absurdas".
Así de clarito fue siempre Garisto en Cobreloa, directo, además, sin parafernalia y sin eludir ninguna pregunta. Total que para todas tiene una respuesta mesurada y consecuente.
-¿Cuál es el balance de esta temporada?
- "Sabiendo que no había descenso, que ya estábamos clasificados para la Libertadores, siempre pensamos en los playoffs como objetivo. Y cuando agarramos el equipo, fue después de seis días de descanso que tuvo. Luego nos tocó debutar con la "U", perdimos y empezaron las críticas. Por eso, nos fuimos adecuando durante el torneo, con doble jornada y hasta entrenando en la arena. Muchos se creían sabios y criticaban tanto trabajo. Eso tuvo una carga, que se pagó los domingos. Todos reclamaron que perdíamos con San Felipe, con Puerto Montt, etc. Pero llegamos a los playoffs, el equipo explotó y después me preguntaban ¿qué milagro hizo? ¡Pero si lo veníamos hablando todo el año!.
-¿Pero qué le hizo aguantar tanto?
- "Porque sabía lo que hacía. Tenemos oficio en esto. Estábamos en el camino correcto".
- Es extraño, porque cuando perdía no se quería ir y ahora que es campeón, se va...
- "Es que sabemos lo que hicimos y los jugadores también cumplieron, a nivel de planteamiento y ejecución en la cancha. Vos sabés cuando tenés algo en las manos que va a explotar en forma positiva. Yo no podía dejar el club por las críticas de algunos energúmenos, que hablan sin saber. Es más fácil criticar que crear. Yo no iba a regalar nada, para que después dijeran 'echamos a Garisto y el equipo arrancó'. No, yo defiendo mi trabajo a muerte. Mi contrato no era plata, era un pensamiento y una planificación".
-¿En qué momento decide marchar del club?
- "Porque queríamos decir que nosotros nos íbamos y no porque nos echaron. Me adelanté, porque no estaba para hacer política. A mi no me rajaban".
- Y hasta le inventaban enfermedades...
- "En una revista incluso enfermaron a mi señora. Le dije gorda cuidado, porque parece que estás mal (ríe). Los rumores son así, el problema es que después nadie se hace responsable. Que hablen lo que quieran, pero lo que a mi me importa es lo que dicen los jugadores".
-¿Podría comparar esto a su etapa como jugador en Cobreloa por allá en los '70?
- "Eso no tiene nada que ver. Antes no se sabía lo que iba a pasar con Cobreloa. Venía a una ciudad que no era buena para jugar fútbol a nivel competitivo, un pueblo de vaqueros. No es ofender, pero así era la cosa. No había veredas, semáforos, nada. Ahora volví y me llevé una grata realidad. Calama es espectacular, con edificios, hoteles, restoranes, etc. Antes había un solo lugar para comer...
- O sea, se lleva Calama en su corazón...
- "Es que nunca nos fuimos realmente. Mi hija va a cumplir 25 años, es como el club, porque nació acá. Incluso, con mi señora fuimos al hospital donde dio a luz y ya está sepultado (ríe). La gente siempre fue igual, nos acompañaba para todos lados. De Chuqui tampoco nos fuimos nunca, porque a mi hija siempre le conté de las hazañas de su padre".
-¿Montones de anécdotas también?
- "Una vez nos llevaron a una charla para allá arriba, en el '77, con un calor insoportable. Casi nos morimos. Andábamos con voz de candado, sin respaldos y la rodilla se juntaba con la pera (ríe). Ahora vamos en Tur Bus y con aire acondicionado, imagina la diferencia. Son bonitos recuerdos".
-¿Todo tiempo pasado fue mejor?
- "Si hasta compartíamos con los obreros de la mina, asados y partidos amistosos. Todos estábamos integrados y la cosa se manejaba armónicamente. Quizás eso falta ahora. Pero en suma, de Cobreloa sólo puedo decir que pasé momentos bárbaros".